El llamado efecto cohete ya se está dejando notar en Castilla-La Mancha. La subida de los carburantes, impulsada por la tensión internacional en torno a Irán, empieza a tener consecuencias directas en la economía regional y en el bolsillo de los ciudadanos.
El origen se sitúa el pasado 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados contra Irán con el objetivo, según han señalado, de frenar su capacidad militar. La respuesta de Teherán no se hizo esperar, con el envío de misiles y drones contra objetivos israelíes y bases estadounidenses en la región del Golfo.
A esta escalada se suma el bloqueo parcial del estrecho de Ormuz, un punto clave por el que transita cerca del 20 % del petróleo mundial. Esta situación ha tensionado los mercados energéticos y ha provocado un encarecimiento progresivo del combustible.
En este contexto, España ha optado por desmarcarse de la ofensiva militar, rechazando el uso de las bases de Rota y Morón y apostando por la vía diplomática y el derecho internacional.
Antes de que el impacto de los carburantes se hiciera evidente, el IPC de Castilla-La Mancha ya se situaba en el 2 % en febrero, sin reflejar todavía el efecto de esta crisis energética. Sin embargo, ahora sectores que dependen directamente del transporte, como las autoescuelas, el reparto o el ámbito agroalimentario, comienzan a notar el incremento de costes.
Además, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha denunciado a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) posibles subidas coordinadas de precios en las gasolineras, al considerar que estos aumentos no se explican únicamente por el coste del petróleo.
De este modo, un conflicto a miles de kilómetros de distancia empieza a tener un impacto directo en la economía de Castilla-La Mancha, trasladándose desde los mercados internacionales hasta el día a día de empresas y consumidores.

