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Mientras España arde, también lo hacen los bulos: qué hay de cierto en las teorías sobre los incendios

Los incendios forestales que están golpeando España este verano no solo han dejado miles de hectáreas calcinadas, evacuaciones y un enorme despliegue de medios de extinción. También han reavivado una oleada de desinformación en redes sociales, donde vuelven a viralizarse teorías que aseguran, sin pruebas, que los montes se queman para recalificar terrenos o instalar parques solares y eólicos.

Sin embargo, la legislación vigente, los datos oficiales y los especialistas en incendios desmontan estas afirmaciones y apuntan a una realidad mucho más compleja, marcada por las condiciones meteorológicas extremas, el abandono de parte del medio rural y la necesidad de mejorar la gestión forestal.

Incendio de la Mierla, Guadalajara
Fotografías: @deleggobclm

¿Se queman los montes para recalificar terrenos?

Es una de las teorías más repetidas cada verano, pero la realidad jurídica dice otra cosa.

La Ley de Montes establece, con carácter general, que un terreno forestal incendiado no puede cambiar su uso durante un plazo de 30 años, salvo excepciones muy concretas justificadas por razones de interés público y debidamente reguladas.

Además, las estadísticas oficiales muestran que los incendios provocados con fines urbanísticos representan una parte mínima del total. Según datos analizados por expertos a partir de las investigaciones oficiales, apenas el 0,56 % de los incendios intencionados tuvieron este objetivo, lo que supone alrededor del 0,1 % de toda la superficie quemada.

¿Y las placas solares o los parques eólicos?

Otro de los bulos más extendidos sostiene que los incendios se provocan para instalar energías renovables.

Sin embargo, ni la instalación de parques eólicos depende de que un terreno haya ardido previamente ni provocar un incendio facilita su autorización administrativa. En el caso de la energía fotovoltaica, la mayor parte de las plantas se ubican sobre terrenos agrícolas o ya transformados, no sobre superficies forestales incendiadas. Además, la superficie ocupada por este tipo de instalaciones continúa siendo muy reducida en comparación con el conjunto del suelo agrario disponible.

Entonces… ¿por qué se producen tantos incendios?

Los especialistas coinciden en que no existe una única causa.

Las investigaciones muestran que muchos incendios tienen origen humano, ya sea por negligencias, accidentes, quemas agrícolas mal controladas o actuaciones intencionadas por motivos muy diversos. A ello se suman unas condiciones meteorológicas cada vez más extremas.

España atraviesa un verano marcado por temperaturas excepcionalmente altas, una prolongada ola de calor, déficit de precipitaciones, baja humedad y episodios de viento, una combinación que favorece incendios de gran intensidad y muy difíciles de extinguir.

Todo ello se enmarca en un contexto sobre el que existe un amplio consenso científico: el cambio climático está aumentando la frecuencia y la intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos, entre ellos las condiciones que favorecen los grandes incendios forestales. Aunque cada incendio tiene causas concretas, el calentamiento global incrementa el riesgo de que estos sean más virulentos y difíciles de controlar.

La columna de humo provocada por los incendios forestales es visible desde el satélite
Imagen: AEMET

La importancia de prevenir

Junto a la extinción de incendios, la prevención resulta fundamental.

Por ello, durante los periodos de riesgo muy alto o extremo, las comunidades autónomas activan restricciones para reducir las posibilidades de que se origine un fuego. Entre ellas se encuentra la prohibición o limitación del uso de maquinaria y herramientas capaces de generar chispas, como determinadas máquinas agrícolas, desbrozadoras, radiales o equipos utilizados en trabajos forestales.

En Castilla-La Mancha, por ejemplo, estas limitaciones pueden activarse en función del índice de propagación potencial del fuego y forman parte de las medidas preventivas recogidas en la normativa autonómica.

A ello se suma la necesidad de una gestión forestal adecuada. Organizaciones ambientales como WWF llevan años alertando de que una gran parte de las masas forestales españolas carecen de planes de gestión, lo que favorece la acumulación de biomasa y aumenta la intensidad de los incendios cuando se producen.

Antes de compartir, conviene comprobar

En momentos de especial preocupación social es habitual que proliferen mensajes que ofrecen explicaciones sencillas a problemas muy complejos. Sin embargo, periodistas especializados, científicos y organismos públicos insisten en la importancia de verificar la información antes de compartirla.

Atribuir los incendios a supuestas conspiraciones sin pruebas no solo contribuye a difundir desinformación, sino que también desplaza el foco de cuestiones sobre las que sí existe evidencia: la prevención, la gestión del territorio, el cumplimiento de las medidas de seguridad y el impacto que las condiciones meteorológicas extremas tienen sobre unos incendios cada vez más difíciles de combatir.

Burgohondo, Ávila / Fotografía: UME
Bomberos de la UME observando el incendio de Almorox / Fotografía: Comunidad de Madrid
Sierra Oeste, Madrid / Fotografía: Comunidad de Madrid

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